mie 1a. Sem cuaresma (Id=202)
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Recuerda, Señor, que tu
ternura y tu misericordia son eternas y no permitas
que nos derrote el enemigo. Sálvanos, Dios de Israel, de todas nuestras
angustias.
Reminiscere miserationum tuarum, Domine, et misericordiae tuae, quae a saeculo
sunt. Ne umquam dominentur nobis inimici nostri;
libera nos, Deus Israel, ex ómnibus angustiis nostris
Oremos:
Mira, Señor, con bondad a tu pueblo que con fervor desea entregarse más a ti; y
concédele que la práctica de las buenas obras renueve su alma, ya que con sus
privaciones se esfuerza por dominar su cuerpo.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Los habitantes de Nínive se arrepintieron de su mala conducta
Lectura del libro del profeta
Jonás
3 ,1-10
En aquellos días, vino de nuevo la
palabra del Señor a Jonás:
"Vete ahora mismo a Nínive, la gran ciudad, y
proclama allí lo que yo te diré".
Jonás partió de inmediato a Nínive, según la orden
del Señor. Nínive era una ciudad inmensa; se
necesitaban tres días para recorrerla. Jonás entró en la ciudad y caminó
durante todo un día, proclamando: "Dentro de cuarenta días Nínive será destruida".
Los ninivitas creyeron en Dios, ordenaron un ayuno y
todos, desde el más grande hasta el más pequeño, se vistieron con ropas de
penitencia. También el rey de Nínive, al enterarse,
se levantó de su trono, se quitó el manto, se vistió con ropas de penitencia y
se sentó en el suelo. Luego mandó proclamar en Nínive
este decreto:
"Por orden del rey y sus ministros, que hombres y animales, vacas y
ovejas, no coman, ni pasten, ni beban agua. Que se vistan con ropas de
penitencia e invoquen con fervor a Dios, y que todos se conviertan de su mala
conducta y de sus violentas acciones. Quizás Dios cambie de parecer, se
arrepienta y se calme el ardor de su ira, de suerte que no muramos".
Al ver Dios lo que hacían y cómo se habían convertido, se arrepintió y no llevó
a cabo el castigo con que los había amenazado.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Sal 50, 3-4.12-13.18-19
A un corazón contrito,
Señor, no lo desprecias.
Cor contritum et humiliatum, Deus non despicies
Ten piedad de mí, Dios mío, por
tu amor, por tu inmensa compasión, borra mi culpa; lava del todo mi maldad,
limpia mi pecado.
A un corazón contrito, Señor, no lo desprecias.
Cor contritum et humiliatum, Deus non despicies
Crea en mí, oh
Dios, un corazón limpio, renueva dentro de mí un espíritu firme; no me arrojes
de tu presencia, no retires de mí tu santo espíritu.
A un corazón contrito, Señor, no lo desprecias.
Cor contritum et humiliatum, Deus non despicies
Pues no es el sacrificio lo que
te complace, y si ofrezco un holocausto no lo aceptarías. El sacrificio que
Dios quiere es un espíritu arrepentido: un corazón arrepentido y humillado, tú
no lo desprecias.
A un corazón contrito, Señor, no lo desprecias.
Cor contritum et humiliatum, Deus non despicies
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Todavía es tiempo, dice el Señor. Arrepiéntanse de todo corazón y vuélvanse a
mí, que soy compasivo y misericordioso.
Nunc ergo dicit Dóminus,
convertímini ad me in toto corde vestro, quia
benignus et misericors sum
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
A la gente de este tiempo no se le
dará otra señal que la del profeta Jonás
† Lectura del santo Evangelio según
san Lucas
11, 29-32
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, la gente se aglomeraba
alrededor de Jesús y él se puso a decir:
"Esta es una generación malvada; pide una señal, pero no se le dará una
señal diferente a la de Jonás. Pues así como Jonás fue una señal para los ninivitas, así el Hijo del hombre lo será para esta
generación.
La reina del sur se levantará en el juicio contra los hombres de esta
generación y los condenará, porque ella vino desde el extremo de la tierra a
escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay alguien que es más importante que
Salomón.
Los habitantes de Nínive se levantarán el día del
juicio contra esta generación y la condenarán, porque ellos hicieron penitencia
por la predicación de Jonás, y aquí hay alguien que es más importante que
Jonás".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Te presentamos, Señor, este pan y este
vino que tú mismo nos has dado para que te los ofreciéramos; a fin de que, al
convertirlos tú en el Cuerpo y
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Los frutos de la penitencia
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre
santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque has querido que en nuestras privaciones voluntarias encontremos un
motivo para bendecirte, ya que nos ayudan a refrenar nuestras pasiones
desordenas y, al darnos ocasión de compartir nuestros bienes con los
necesitados, nos hacen imitadores de tu generosidad.
Por eso,
con todos los ángeles, te glorificamos y te aclamamos diciendo:
[Misa]
Que se alegren, Señor,
cuantos en ti confían, que se regocijen eternamente porque tú estás con ellos.
Laetentur omnes qui
sperant in te, Domine, in aeternum
exultabunt et habitabis in eis
Oremos:
Tú, Señor, que no cesas de invitarnos a tu mesa, concédenos que la recepción de
este sacramento sea para nosotros fuente de vida eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
.